03-05-2005, 09:34 AM
En los años en que Brenans sacaba a la luz la civilización sahariana y posteriores, comparada, por ejemplo, con el sur de Asia, Ãfrica NUNCA le habÃa parecido a nadie que estuviera, digamos.., preparada para la [b:c50eb73c9c]libertad[/b:c50eb73c9c]. Salvo en los casos marginales de las colonias italianas, el ir y venir de ejércitos durante la llamada [i:c50eb73c9c]II Guerra Mundial[/i:c50eb73c9c] [b:c50eb73c9c]no[/b:c50eb73c9c] transtornó gravemente la distribución de la [i:c50eb73c9c]auctoritas[/i:c50eb73c9c] imperial y, ciertamente.., los imperialistas podÃan alegar que la independencia de aquellos arenales, de aquellas estepas, de aquellas selvas, era [b:c50eb73c9c]imposible[/b:c50eb73c9c] o podÃan darle largas. En London, se proyectó en secreto la construcción de un nuevo edificio de ocho plantas, de estilo neogeorgiano, para el ministerio de las Colonias que habÃa de ocupar el lugar donde habÃa caÃdo una bomba, pero las crÃticas motivaron que la idea se abandonara con infinita [b:c50eb73c9c]turbación[/b:c50eb73c9c]. La suposición común entre una clase imperial dominante de que NO se podÃa confiar en que los/as nativos/as se gobernasen los/as unos/as a los/as otros/as, cuando la independencia finalmente llegó, se convirtÃo en profecÃa hecha [b:c50eb73c9c]realidad[/b:c50eb73c9c], justificada por los abracadabrantes matanzas, la mala, hiper-pésima administración y "[i:c50eb73c9c]esa RABIA africana, el [b:c50eb73c9c]deseo[/b:c50eb73c9c] de DESTRUIR[/i:c50eb73c9c]".
A fin de cuentas, damas y caballeros, Ãfrica también contó con su propio equivalente de las conquistas japonesas en Asia, con el que pudo empujar a los colonialistas o obligarlos a retirarse por el PÃNICO. En 1956, una debacle militar y polÃtica [b:c50eb73c9c]humilló[/b:c50eb73c9c] conjuntamente a las dos principales potencias coloniales: cuando el [i:c50eb73c9c]rais[/i:c50eb73c9c] Gamal Abdel Nasser, el carismático dirigente nacionalista egipcio, se [b:c50eb73c9c]apoderó[/b:c50eb73c9c] de la CompañÃa del canal de Suez, el United Kingdom y la France enviaron [i:c50eb73c9c]ipso facto[/i:c50eb73c9c] tropas para "[i:c50eb73c9c]darle una lección a aquel nativo dÃscolo[/i:c50eb73c9c]". El casino de Port Said se convirtió en hospital militar, sÃmbolo de la violenta destrucción del [i:c50eb73c9c]ancien régime[/i:c50eb73c9c]. Nasser dijo a los capitalistas que "[i:c50eb73c9c]se ASFIXIARAN con su propia rabia[/i:c50eb73c9c]" y "[i:c50eb73c9c]bebieran el Mediterráneo[/i:c50eb73c9c]". Los británicos liberales opinaban a voz en grito que "[i:c50eb73c9c]Nasser tiene [b:c50eb73c9c]razón[/b:c50eb73c9c][/i:c50eb73c9c]"; el gobierno [i:c50eb73c9c]yankee[/i:c50eb73c9c], deseoso de demostrar sus credenciales anti-imperialistas, [b:c50eb73c9c]reprobó[/b:c50eb73c9c] a sus aliados inmoderados; que, a su vez, salieron, oigan.., como pudieron de la crisis, parpadeando, cual si tuviesen arena sahariana velándoles los ojos. En cada derrota se sueltan impedimentos y se abandonan a los rezagados. En su huida de Ãfrica, las potencias coloniales [b:c50eb73c9c]descartaron[/b:c50eb73c9c] sus responsabilidades gubernamentales como si de mochilas de desertores se tratara, ABANDONANDO a colonos, minorÃas étnicas y viejas elites nativas a su suerte y, en definitiva, a lo que a menudo resultó un destino PAVOROSO.
En torno al Sahara, Tunicia, Marruecos y Sudán -"[i:c50eb73c9c]protectorados[/i:c50eb73c9c]" que nunca estuvieron en realidad bajo el dominio europeo- fueron EVACUADOS en el año de la crisis del canal de Suez. Después, el imperio se alzó la falda con precipitación [b:c50eb73c9c]indecorosa[/b:c50eb73c9c]. La France parecÃa [b:c50eb73c9c]no[/b:c50eb73c9c] poder permanecer en Argelia ni retirarse de ella, [b:c50eb73c9c]atrapada[/b:c50eb73c9c] entre la resistencia de los nativos y el delirio de fanatismo de los colonos. La cuestión se resolvió, evidentemente, con la RETIRADA, dictada, quieras o no, por el [b:c50eb73c9c]realismo[/b:c50eb73c9c]. Por toda el Ãfrica británica, los lacayos del [i:c50eb73c9c]establishment[/i:c50eb73c9c] volvieron a acicalar a los héroes de la resistencia, hasta entonces apolillándose en prisión. En la mayorÃa de los casos, lÃderes adventicios, que procedÃan de las escuelas de los misioneros en la profunda selva, o de la clase media [i:c50eb73c9c]émigrée[/i:c50eb73c9c], pero muy RARA vez de las filas de los jefes tradicionales, recibieron las insignias propias de la [i:c50eb73c9c]potestas[/i:c50eb73c9c] -los bastones con pomo, los matamoscas, los gorros de piel de leopardo...-. Kwame Nkrumah, que estuvo a la cabeza de Ghana durante un largo perÃodo de transición hacia la independencia, conseguida en 1957, se hizo bordar en el gorro las siglas [i:c50eb73c9c]PG[/i:c50eb73c9c] por [i:c50eb73c9c]prison graduate[/i:c50eb73c9c]. 1960 fué, sin duda, el [i:c50eb73c9c]annus mirabilis[/i:c50eb73c9c] de la independencia africana: surgieron [u:c50eb73c9c]catorce[/u:c50eb73c9c] estados -o, "[i:c50eb73c9c]naciones[/i:c50eb73c9c]"; según la tope inadecuada jerga de moda...-, que cubrÃan un GIGANTESCO territorio continuo que iba desde el Sahara septentrional hasta el rÃo Zaire.
La mayorÃa de los vientos de cambio parecÃan llegar a Ãfrica desde [b:c50eb73c9c]fuera[/b:c50eb73c9c]. La llamada [i:c50eb73c9c]democracia europea[/i:c50eb73c9c] -desigual e imperfecta hasta bastante después de la llamada [i:c50eb73c9c]II Guerra Mundial[/i:c50eb73c9c] y aún después. [i:c50eb73c9c]bien sûr[/i:c50eb73c9c]...- dió el derecho de voto a grupos sociales que veÃan el imperialismo con enorme suspicacia y abierta HOSTILIDAD, como, por ejemplo, la clase obrera británica, que "[i:c50eb73c9c]NO sabÃa que el imperio existe[/i:c50eb73c9c]". Los [i:c50eb73c9c]yankees[/i:c50eb73c9c], además, ejercieron abierta presión sobre sus clientes imperialistas... Un viento del norte salió soplando de la [i:c50eb73c9c]guerra frÃa[/i:c50eb73c9c], en tanto los gobiernos "[i:c50eb73c9c]occidentales[/i:c50eb73c9c]" hacÃan uso del [b:c50eb73c9c]secuestro moral[/b:c50eb73c9c] como táctica frente a la competencia soviética, apoyando a los movimientos de oposición nativos a fin de [b:c50eb73c9c]separarlos[/b:c50eb73c9c] de la influencia o el control comunistas.
Una generación antes de que los imperios se derrumbaran, los "[i:c50eb73c9c]sobresaltos macro-económicos del mundo[/i:c50eb73c9c]" habÃan sacudido fuertemente a las potencias coloniales y a las elites indÃgenas INCAPACES de llevar el paso, como si fueran participantes en carreras de individuos de tres piernas a los que una caÃda obligara a apartarse de la competición. La depresión económica de principios de los años 30 del recién pasado siglo puso fÃn a la [b:c50eb73c9c]ilusión[/b:c50eb73c9c] de que el colonialismo otorgarÃa una prosperidad [b:c50eb73c9c]incondicional[/b:c50eb73c9c]. Una de las consecuencias económicas de la llamada [i:c50eb73c9c]II Guerra Mundial[/i:c50eb73c9c], en Ãfrica, fué que volvieron a localizarse algunas formas de producción -sobre todo, caucho y alimentos-, con el [b:c50eb73c9c]crecimiento[/b:c50eb73c9c] consiguiente de una AMBICIOSA clase media nativa. Acaso entre los que tomaban decisiones en la colonia hubo algunos que experimentaban una [b:c50eb73c9c]ansia[/b:c50eb73c9c] silenciosa por huir de las consecuencias del [b:c50eb73c9c]mayor[/b:c50eb73c9c] efecto del imperialismo: la revolución [b:c50eb73c9c]demográfica[/b:c50eb73c9c] causada por la medicina occidental. Debido al aumento INCONTROLABLE del número de gentes pobres, los imperios dejaron obviamente de representar un beneficio. Costaba, ¡por supuesto!, muchÃsimo [b:c50eb73c9c]menos[/b:c50eb73c9c] otorgar la independencia y la "[i:c50eb73c9c]ayuda[/i:c50eb73c9c]" que cargar con la subida, repito, INCONTROLABLE de los costes sociales. Los imperios que se habÃan basado en la [b:c50eb73c9c]cooperación[/b:c50eb73c9c] entre recién llegados y titulares cayeron cuando cambiaron o desaparecieron los intereses comunes.
Al sur del Sahara, en los años 50 y principios de los 60 del siglo XX, los efectos de la resistencia de los nativos eran generalmente [b:c50eb73c9c]débiles[/b:c50eb73c9c] comparados con las influencias externas... Más o menos hacia la mitad de los 50, Kenya se convirtió en una [b:c50eb73c9c]excepción[/b:c50eb73c9c] conspicua, debido al HORROR espeluznante de las [b:c50eb73c9c]atrocidades[/b:c50eb73c9c] cometidas por los terroristas y la siniestra [b:c50eb73c9c]crueldad[/b:c50eb73c9c] de los rituales orgiásticos que se les atribuÃan. El [i:c50eb73c9c]Mau-mau[/i:c50eb73c9c] -el nombre misterioso y mágico de su organización NUNCA se explicó...- surgió entre los [i:c50eb73c9c]kikuyu[/i:c50eb73c9c], pueblo de agricultores que [b:c50eb73c9c]no[/b:c50eb73c9c] gozaba precisamente de especial reputación por sus proezas y que estuvo largo tiempo [b:c50eb73c9c]oprimido[/b:c50eb73c9c] por sus vecinos nómadas, pero al que las [b:c50eb73c9c]armas[/b:c50eb73c9c] ponÃa en pie de IGUALDAD. Sus caracterÃsticas eran las de una hermandad totémica tradicional en algunos pueblos africanos, pero su propósito consistÃa en "[i:c50eb73c9c]derramar la sangre de los blancos y de quienes les fueran leales[/i:c50eb73c9c]". Habida cuenta de que los [i:c50eb73c9c]kikuyu[/i:c50eb73c9c] estaban muy divididos entre sà y rodeados de ancestrales enemigos, la [i:c50eb73c9c]security[/i:c50eb73c9c] se imponÃa con HORRIBLES juramentos en los que los jóvenes se peforaban mutuamente sus tensos penes mientras se emborrachaban salvajamente de libaciones compuestas de sangre humana y leche, orina caliente y cantidades industriales de esperma. Según el cortés secretario colonial Oliver Lyttleton, un memorándum descriptivo "[i:c50eb73c9c]se interpuso entre mà y mi apetito[/i:c50eb73c9c]"; y, lo COMPRENDO perfectamente... Las mentes seglares que gobernaban Kenya [b:c50eb73c9c]no[/b:c50eb73c9c] parecÃan CAPACES de hablar del [i:c50eb73c9c]Mau-mau[/i:c50eb73c9c], si no era en términos de delirante "[i:c50eb73c9c]magia negra[/i:c50eb73c9c]", de inhumana "[i:c50eb73c9c]maldad[/i:c50eb73c9c]" o de bestial "[i:c50eb73c9c]brujerÃa[/i:c50eb73c9c]"... Pero, lo [b:c50eb73c9c]cierto[/b:c50eb73c9c] como hay sol que alumbra, damas y caballeros, es que la reacción [i:c50eb73c9c]white[/i:c50eb73c9c] fué, ¡con mucho!, la más [b:c50eb73c9c]salvaje[/b:c50eb73c9c] e IRRACIONAL; mucho [b:c50eb73c9c]más[/b:c50eb73c9c], sÃ, que los métodos del [i:c50eb73c9c]Mau-mau[/i:c50eb73c9c].
El supuesto -y, muy probablemente, [b:c50eb73c9c]auténtico[/b:c50eb73c9c]- organizador era [u:c50eb73c9c]Jomo[/u:c50eb73c9c] [u:c50eb73c9c]Kenyatta[/u:c50eb73c9c], un huérfano abandonado que de muy [i:c50eb73c9c]peque[/i:c50eb73c9c] llegó a la montaña a una misión escocesa y se dió a sà mismo su propio nombre. Con el anonimato, hizo uso de la [b:c50eb73c9c]ambigüedad[/b:c50eb73c9c]; escurridizo, cambiaba fácilmente de identidad, de lealtad y de formas de matrimonio, por lo que era MUY difÃcil encontrarlo y, para las autoridades coloniales, difÃcil [b:c50eb73c9c]fiarse[/b:c50eb73c9c] de él. Una sociedad de "[i:c50eb73c9c]okupas[/i:c50eb73c9c]" [i:c50eb73c9c]kikuyu[/i:c50eb73c9c], cuya falta de seguridad alimentó el primer nacionalismo keniata, lo envió al United Kingdom en 1929, donde se ganó un dinero como extra en la versión cinematográfica de "[i:c50eb73c9c]Sanders of the River[/i:c50eb73c9c]" haciendo zalamerÃas al hombre que aboga por la supremacÃa de los blancos, diciendo una y otra vez, "[i:c50eb73c9c]yes, lord Sandy[/i:c50eb73c9c]". Adquirió algo [b:c50eb73c9c]más[/b:c50eb73c9c] útil para su formación en Moscú, donde aprendió a engatusar a los hombres, movilizarlos según sus deseos y a canalizar como él quisiera su violencia. Pero, NUNCA, eso sÃ, se dejó atrapar por el marxismo. Su enfoque más próximo a un ideologÃa fué un tendencioso estudio antropológico que realizó en 1938 de su propio pueblo, titulado "[i:c50eb73c9c]Facing Mount Kenya[/i:c50eb73c9c]", en el que ensalzaba las virtudes masculinas de los [i:c50eb73c9c]kikuyu[/i:c50eb73c9c] en términos muy, muy, muy perturbadores y, desde luego, más parecidos al fascismo que al comunismo. "[i:c50eb73c9c]En el viejo orden de la sociedad africana, un hombre era un hombre[/i:c50eb73c9c]", declaró este defensor a ultranza de la circuncisión femenina ("[i:c50eb73c9c]NO son las hembras las que deben sentir placer[/i:c50eb73c9c]"). En el frontispicio del libro aparece una foto bien poco, digamos.., convencional del autor, semi-desnudo su fibrado cuerpo de magnÃfico ébano, con una piel de leopardo por encima, sonriendo mórbidamente mientras mira sus dedos acariciando suavemente la punta de una fálica lanza...
Debajo de la piel que lo cubrÃa, la de Kenyatta era la de un [b:c50eb73c9c]camaleón[/b:c50eb73c9c]. Este hombre de mundo que tanto habÃa viajado para ser un [i:c50eb73c9c]negrata[/i:c50eb73c9c] y de su cuna, que estaba en buenos términos con Malinowski, con [i:c50eb73c9c]lady[/i:c50eb73c9c] Cunard y S.A.R. el prÃncipe Paul de Grecia, que gustaba de las putas blancas y siempre se rodeó de negros jóvenes que lo hubieran dado TODO por él, sea como sea, NUNCA perdió contacto con su pueblo y NUNCA olvidó la retórica popular que [b:c50eb73c9c]excitaba[/b:c50eb73c9c] a los [i:c50eb73c9c]kikuyu[/i:c50eb73c9c]. CompartÃa "[i:c50eb73c9c]las raÃces del árbol mikongoe[/i:c50eb73c9c]".
Cuando este ex-terrorista sub-sahariano fué [b:c50eb73c9c]liberado[/b:c50eb73c9c] de la prisión ¡para mutar en primer ministro de Kenya! dos ¡de los que habÃan sido sus guardianes! se CAPARON en su honor y sus guardaespaldas tuvieron que dispersar a culatazo limpio a los jovenzuelos que se ofrecÃan desnudos y a la multitud de padres que le llevaban sus hijas casi niñas con las piernas bien abiertas al aire y diciendo a voz en grito, pletóricos de alegrÃa, "[i:c50eb73c9c]¡es para tÃ!, ¡fÃjate, NO sentirá NADA![/i:c50eb73c9c]"
NO le fué difÃcil, por eso, proyectar una [b:c50eb73c9c]nueva[/b:c50eb73c9c] [i:c50eb73c9c]imago[/i:c50eb73c9c]: la de estadista mayor y afable que conservó un [i:c50eb73c9c]white[/i:c50eb73c9c] en su consejo de ministros y nombró como presidente del Tribunal Supremo al mismÃsimo juez que habÃa rechazado TODAS sus apelaciones. Además, aquel [i:c50eb73c9c]negrata[/i:c50eb73c9c] de los matorrales y sin nombre [b:c50eb73c9c]no[/b:c50eb73c9c] daba mal vestido de jefe...
¡Ah!; estas [b:c50eb73c9c]hábiles[/b:c50eb73c9c] transformaciones proporcionaron, [i:c50eb73c9c]mes amis/es[/i:c50eb73c9c], [b:c50eb73c9c]modelos[/b:c50eb73c9c] que seguirÃan, ¡vaya!, numerosos lÃderes africanos hasta hoy mismo...
SÃ, sÃ, sÃ..; la vida de Ãfrica SIEMPRE ha girado en torno al océano sahariano. Brenans no hizo otra cosa que descubrir que, desde el [i:c50eb73c9c]alfa[/i:c50eb73c9c] de los tiempos, ha sido [b:c50eb73c9c]asÃ[/b:c50eb73c9c].
Siempre a su disposición, damas y caballeros.
Jaume de Ponts i Mateu
jaumedeponts@terra.es
Tortosa (Baix Ebre)
-Catalunya/UE-
05/03/2005, 0034 hs. a.m.
A fin de cuentas, damas y caballeros, Ãfrica también contó con su propio equivalente de las conquistas japonesas en Asia, con el que pudo empujar a los colonialistas o obligarlos a retirarse por el PÃNICO. En 1956, una debacle militar y polÃtica [b:c50eb73c9c]humilló[/b:c50eb73c9c] conjuntamente a las dos principales potencias coloniales: cuando el [i:c50eb73c9c]rais[/i:c50eb73c9c] Gamal Abdel Nasser, el carismático dirigente nacionalista egipcio, se [b:c50eb73c9c]apoderó[/b:c50eb73c9c] de la CompañÃa del canal de Suez, el United Kingdom y la France enviaron [i:c50eb73c9c]ipso facto[/i:c50eb73c9c] tropas para "[i:c50eb73c9c]darle una lección a aquel nativo dÃscolo[/i:c50eb73c9c]". El casino de Port Said se convirtió en hospital militar, sÃmbolo de la violenta destrucción del [i:c50eb73c9c]ancien régime[/i:c50eb73c9c]. Nasser dijo a los capitalistas que "[i:c50eb73c9c]se ASFIXIARAN con su propia rabia[/i:c50eb73c9c]" y "[i:c50eb73c9c]bebieran el Mediterráneo[/i:c50eb73c9c]". Los británicos liberales opinaban a voz en grito que "[i:c50eb73c9c]Nasser tiene [b:c50eb73c9c]razón[/b:c50eb73c9c][/i:c50eb73c9c]"; el gobierno [i:c50eb73c9c]yankee[/i:c50eb73c9c], deseoso de demostrar sus credenciales anti-imperialistas, [b:c50eb73c9c]reprobó[/b:c50eb73c9c] a sus aliados inmoderados; que, a su vez, salieron, oigan.., como pudieron de la crisis, parpadeando, cual si tuviesen arena sahariana velándoles los ojos. En cada derrota se sueltan impedimentos y se abandonan a los rezagados. En su huida de Ãfrica, las potencias coloniales [b:c50eb73c9c]descartaron[/b:c50eb73c9c] sus responsabilidades gubernamentales como si de mochilas de desertores se tratara, ABANDONANDO a colonos, minorÃas étnicas y viejas elites nativas a su suerte y, en definitiva, a lo que a menudo resultó un destino PAVOROSO.
En torno al Sahara, Tunicia, Marruecos y Sudán -"[i:c50eb73c9c]protectorados[/i:c50eb73c9c]" que nunca estuvieron en realidad bajo el dominio europeo- fueron EVACUADOS en el año de la crisis del canal de Suez. Después, el imperio se alzó la falda con precipitación [b:c50eb73c9c]indecorosa[/b:c50eb73c9c]. La France parecÃa [b:c50eb73c9c]no[/b:c50eb73c9c] poder permanecer en Argelia ni retirarse de ella, [b:c50eb73c9c]atrapada[/b:c50eb73c9c] entre la resistencia de los nativos y el delirio de fanatismo de los colonos. La cuestión se resolvió, evidentemente, con la RETIRADA, dictada, quieras o no, por el [b:c50eb73c9c]realismo[/b:c50eb73c9c]. Por toda el Ãfrica británica, los lacayos del [i:c50eb73c9c]establishment[/i:c50eb73c9c] volvieron a acicalar a los héroes de la resistencia, hasta entonces apolillándose en prisión. En la mayorÃa de los casos, lÃderes adventicios, que procedÃan de las escuelas de los misioneros en la profunda selva, o de la clase media [i:c50eb73c9c]émigrée[/i:c50eb73c9c], pero muy RARA vez de las filas de los jefes tradicionales, recibieron las insignias propias de la [i:c50eb73c9c]potestas[/i:c50eb73c9c] -los bastones con pomo, los matamoscas, los gorros de piel de leopardo...-. Kwame Nkrumah, que estuvo a la cabeza de Ghana durante un largo perÃodo de transición hacia la independencia, conseguida en 1957, se hizo bordar en el gorro las siglas [i:c50eb73c9c]PG[/i:c50eb73c9c] por [i:c50eb73c9c]prison graduate[/i:c50eb73c9c]. 1960 fué, sin duda, el [i:c50eb73c9c]annus mirabilis[/i:c50eb73c9c] de la independencia africana: surgieron [u:c50eb73c9c]catorce[/u:c50eb73c9c] estados -o, "[i:c50eb73c9c]naciones[/i:c50eb73c9c]"; según la tope inadecuada jerga de moda...-, que cubrÃan un GIGANTESCO territorio continuo que iba desde el Sahara septentrional hasta el rÃo Zaire.
La mayorÃa de los vientos de cambio parecÃan llegar a Ãfrica desde [b:c50eb73c9c]fuera[/b:c50eb73c9c]. La llamada [i:c50eb73c9c]democracia europea[/i:c50eb73c9c] -desigual e imperfecta hasta bastante después de la llamada [i:c50eb73c9c]II Guerra Mundial[/i:c50eb73c9c] y aún después. [i:c50eb73c9c]bien sûr[/i:c50eb73c9c]...- dió el derecho de voto a grupos sociales que veÃan el imperialismo con enorme suspicacia y abierta HOSTILIDAD, como, por ejemplo, la clase obrera británica, que "[i:c50eb73c9c]NO sabÃa que el imperio existe[/i:c50eb73c9c]". Los [i:c50eb73c9c]yankees[/i:c50eb73c9c], además, ejercieron abierta presión sobre sus clientes imperialistas... Un viento del norte salió soplando de la [i:c50eb73c9c]guerra frÃa[/i:c50eb73c9c], en tanto los gobiernos "[i:c50eb73c9c]occidentales[/i:c50eb73c9c]" hacÃan uso del [b:c50eb73c9c]secuestro moral[/b:c50eb73c9c] como táctica frente a la competencia soviética, apoyando a los movimientos de oposición nativos a fin de [b:c50eb73c9c]separarlos[/b:c50eb73c9c] de la influencia o el control comunistas.
Una generación antes de que los imperios se derrumbaran, los "[i:c50eb73c9c]sobresaltos macro-económicos del mundo[/i:c50eb73c9c]" habÃan sacudido fuertemente a las potencias coloniales y a las elites indÃgenas INCAPACES de llevar el paso, como si fueran participantes en carreras de individuos de tres piernas a los que una caÃda obligara a apartarse de la competición. La depresión económica de principios de los años 30 del recién pasado siglo puso fÃn a la [b:c50eb73c9c]ilusión[/b:c50eb73c9c] de que el colonialismo otorgarÃa una prosperidad [b:c50eb73c9c]incondicional[/b:c50eb73c9c]. Una de las consecuencias económicas de la llamada [i:c50eb73c9c]II Guerra Mundial[/i:c50eb73c9c], en Ãfrica, fué que volvieron a localizarse algunas formas de producción -sobre todo, caucho y alimentos-, con el [b:c50eb73c9c]crecimiento[/b:c50eb73c9c] consiguiente de una AMBICIOSA clase media nativa. Acaso entre los que tomaban decisiones en la colonia hubo algunos que experimentaban una [b:c50eb73c9c]ansia[/b:c50eb73c9c] silenciosa por huir de las consecuencias del [b:c50eb73c9c]mayor[/b:c50eb73c9c] efecto del imperialismo: la revolución [b:c50eb73c9c]demográfica[/b:c50eb73c9c] causada por la medicina occidental. Debido al aumento INCONTROLABLE del número de gentes pobres, los imperios dejaron obviamente de representar un beneficio. Costaba, ¡por supuesto!, muchÃsimo [b:c50eb73c9c]menos[/b:c50eb73c9c] otorgar la independencia y la "[i:c50eb73c9c]ayuda[/i:c50eb73c9c]" que cargar con la subida, repito, INCONTROLABLE de los costes sociales. Los imperios que se habÃan basado en la [b:c50eb73c9c]cooperación[/b:c50eb73c9c] entre recién llegados y titulares cayeron cuando cambiaron o desaparecieron los intereses comunes.
Al sur del Sahara, en los años 50 y principios de los 60 del siglo XX, los efectos de la resistencia de los nativos eran generalmente [b:c50eb73c9c]débiles[/b:c50eb73c9c] comparados con las influencias externas... Más o menos hacia la mitad de los 50, Kenya se convirtió en una [b:c50eb73c9c]excepción[/b:c50eb73c9c] conspicua, debido al HORROR espeluznante de las [b:c50eb73c9c]atrocidades[/b:c50eb73c9c] cometidas por los terroristas y la siniestra [b:c50eb73c9c]crueldad[/b:c50eb73c9c] de los rituales orgiásticos que se les atribuÃan. El [i:c50eb73c9c]Mau-mau[/i:c50eb73c9c] -el nombre misterioso y mágico de su organización NUNCA se explicó...- surgió entre los [i:c50eb73c9c]kikuyu[/i:c50eb73c9c], pueblo de agricultores que [b:c50eb73c9c]no[/b:c50eb73c9c] gozaba precisamente de especial reputación por sus proezas y que estuvo largo tiempo [b:c50eb73c9c]oprimido[/b:c50eb73c9c] por sus vecinos nómadas, pero al que las [b:c50eb73c9c]armas[/b:c50eb73c9c] ponÃa en pie de IGUALDAD. Sus caracterÃsticas eran las de una hermandad totémica tradicional en algunos pueblos africanos, pero su propósito consistÃa en "[i:c50eb73c9c]derramar la sangre de los blancos y de quienes les fueran leales[/i:c50eb73c9c]". Habida cuenta de que los [i:c50eb73c9c]kikuyu[/i:c50eb73c9c] estaban muy divididos entre sà y rodeados de ancestrales enemigos, la [i:c50eb73c9c]security[/i:c50eb73c9c] se imponÃa con HORRIBLES juramentos en los que los jóvenes se peforaban mutuamente sus tensos penes mientras se emborrachaban salvajamente de libaciones compuestas de sangre humana y leche, orina caliente y cantidades industriales de esperma. Según el cortés secretario colonial Oliver Lyttleton, un memorándum descriptivo "[i:c50eb73c9c]se interpuso entre mà y mi apetito[/i:c50eb73c9c]"; y, lo COMPRENDO perfectamente... Las mentes seglares que gobernaban Kenya [b:c50eb73c9c]no[/b:c50eb73c9c] parecÃan CAPACES de hablar del [i:c50eb73c9c]Mau-mau[/i:c50eb73c9c], si no era en términos de delirante "[i:c50eb73c9c]magia negra[/i:c50eb73c9c]", de inhumana "[i:c50eb73c9c]maldad[/i:c50eb73c9c]" o de bestial "[i:c50eb73c9c]brujerÃa[/i:c50eb73c9c]"... Pero, lo [b:c50eb73c9c]cierto[/b:c50eb73c9c] como hay sol que alumbra, damas y caballeros, es que la reacción [i:c50eb73c9c]white[/i:c50eb73c9c] fué, ¡con mucho!, la más [b:c50eb73c9c]salvaje[/b:c50eb73c9c] e IRRACIONAL; mucho [b:c50eb73c9c]más[/b:c50eb73c9c], sÃ, que los métodos del [i:c50eb73c9c]Mau-mau[/i:c50eb73c9c].
El supuesto -y, muy probablemente, [b:c50eb73c9c]auténtico[/b:c50eb73c9c]- organizador era [u:c50eb73c9c]Jomo[/u:c50eb73c9c] [u:c50eb73c9c]Kenyatta[/u:c50eb73c9c], un huérfano abandonado que de muy [i:c50eb73c9c]peque[/i:c50eb73c9c] llegó a la montaña a una misión escocesa y se dió a sà mismo su propio nombre. Con el anonimato, hizo uso de la [b:c50eb73c9c]ambigüedad[/b:c50eb73c9c]; escurridizo, cambiaba fácilmente de identidad, de lealtad y de formas de matrimonio, por lo que era MUY difÃcil encontrarlo y, para las autoridades coloniales, difÃcil [b:c50eb73c9c]fiarse[/b:c50eb73c9c] de él. Una sociedad de "[i:c50eb73c9c]okupas[/i:c50eb73c9c]" [i:c50eb73c9c]kikuyu[/i:c50eb73c9c], cuya falta de seguridad alimentó el primer nacionalismo keniata, lo envió al United Kingdom en 1929, donde se ganó un dinero como extra en la versión cinematográfica de "[i:c50eb73c9c]Sanders of the River[/i:c50eb73c9c]" haciendo zalamerÃas al hombre que aboga por la supremacÃa de los blancos, diciendo una y otra vez, "[i:c50eb73c9c]yes, lord Sandy[/i:c50eb73c9c]". Adquirió algo [b:c50eb73c9c]más[/b:c50eb73c9c] útil para su formación en Moscú, donde aprendió a engatusar a los hombres, movilizarlos según sus deseos y a canalizar como él quisiera su violencia. Pero, NUNCA, eso sÃ, se dejó atrapar por el marxismo. Su enfoque más próximo a un ideologÃa fué un tendencioso estudio antropológico que realizó en 1938 de su propio pueblo, titulado "[i:c50eb73c9c]Facing Mount Kenya[/i:c50eb73c9c]", en el que ensalzaba las virtudes masculinas de los [i:c50eb73c9c]kikuyu[/i:c50eb73c9c] en términos muy, muy, muy perturbadores y, desde luego, más parecidos al fascismo que al comunismo. "[i:c50eb73c9c]En el viejo orden de la sociedad africana, un hombre era un hombre[/i:c50eb73c9c]", declaró este defensor a ultranza de la circuncisión femenina ("[i:c50eb73c9c]NO son las hembras las que deben sentir placer[/i:c50eb73c9c]"). En el frontispicio del libro aparece una foto bien poco, digamos.., convencional del autor, semi-desnudo su fibrado cuerpo de magnÃfico ébano, con una piel de leopardo por encima, sonriendo mórbidamente mientras mira sus dedos acariciando suavemente la punta de una fálica lanza...
Debajo de la piel que lo cubrÃa, la de Kenyatta era la de un [b:c50eb73c9c]camaleón[/b:c50eb73c9c]. Este hombre de mundo que tanto habÃa viajado para ser un [i:c50eb73c9c]negrata[/i:c50eb73c9c] y de su cuna, que estaba en buenos términos con Malinowski, con [i:c50eb73c9c]lady[/i:c50eb73c9c] Cunard y S.A.R. el prÃncipe Paul de Grecia, que gustaba de las putas blancas y siempre se rodeó de negros jóvenes que lo hubieran dado TODO por él, sea como sea, NUNCA perdió contacto con su pueblo y NUNCA olvidó la retórica popular que [b:c50eb73c9c]excitaba[/b:c50eb73c9c] a los [i:c50eb73c9c]kikuyu[/i:c50eb73c9c]. CompartÃa "[i:c50eb73c9c]las raÃces del árbol mikongoe[/i:c50eb73c9c]".
Cuando este ex-terrorista sub-sahariano fué [b:c50eb73c9c]liberado[/b:c50eb73c9c] de la prisión ¡para mutar en primer ministro de Kenya! dos ¡de los que habÃan sido sus guardianes! se CAPARON en su honor y sus guardaespaldas tuvieron que dispersar a culatazo limpio a los jovenzuelos que se ofrecÃan desnudos y a la multitud de padres que le llevaban sus hijas casi niñas con las piernas bien abiertas al aire y diciendo a voz en grito, pletóricos de alegrÃa, "[i:c50eb73c9c]¡es para tÃ!, ¡fÃjate, NO sentirá NADA![/i:c50eb73c9c]"
NO le fué difÃcil, por eso, proyectar una [b:c50eb73c9c]nueva[/b:c50eb73c9c] [i:c50eb73c9c]imago[/i:c50eb73c9c]: la de estadista mayor y afable que conservó un [i:c50eb73c9c]white[/i:c50eb73c9c] en su consejo de ministros y nombró como presidente del Tribunal Supremo al mismÃsimo juez que habÃa rechazado TODAS sus apelaciones. Además, aquel [i:c50eb73c9c]negrata[/i:c50eb73c9c] de los matorrales y sin nombre [b:c50eb73c9c]no[/b:c50eb73c9c] daba mal vestido de jefe...
¡Ah!; estas [b:c50eb73c9c]hábiles[/b:c50eb73c9c] transformaciones proporcionaron, [i:c50eb73c9c]mes amis/es[/i:c50eb73c9c], [b:c50eb73c9c]modelos[/b:c50eb73c9c] que seguirÃan, ¡vaya!, numerosos lÃderes africanos hasta hoy mismo...
SÃ, sÃ, sÃ..; la vida de Ãfrica SIEMPRE ha girado en torno al océano sahariano. Brenans no hizo otra cosa que descubrir que, desde el [i:c50eb73c9c]alfa[/i:c50eb73c9c] de los tiempos, ha sido [b:c50eb73c9c]asÃ[/b:c50eb73c9c].
Siempre a su disposición, damas y caballeros.
Jaume de Ponts i Mateu
jaumedeponts@terra.es
Tortosa (Baix Ebre)
-Catalunya/UE-
05/03/2005, 0034 hs. a.m.
